REVISTA DE SUSTENTABILIDAD

El lenguaje y la música universal de la naturaleza

El lenguaje y la música universal de la naturaleza
lunes 30 mayo 2016

No hay caso, nos cuesta mucho entendernos porque aparte de no querer entender a veces a nuestros interlocutores en forma (mal) intencionada, pareciera ser que estamos usando lenguajes por no decir idiomas distintos.

Sí bien nuestras lenguas existen desde hace tan sólo unos pocos miles de años, el significado que le otorgamos a cada una de las palabras es un tema de acuerdo para lo cual hemos creado academias que se encargan de oficializar y obtener dicho consenso. Por otro lado, es reconocido que la materia prima de cualquier idioma, proviene literalmente de “la calle” o donde se practica la conversación entre las personas (en el campo, en los pueblos, en el estadio, etc.) o sea, ahí donde se configuran y crean la mayoría de las palabras a través de su intercambio. Los idiomas son algo vivo, nacen de unas pocas palabras que se van modificando y diferenciando en el tiempo para pasar por diferentes estadios de desarrollo, entre ellos los dialectos, las lenguas locales, etc., hasta que alcanzan un punto de madurez crítico que los convierte a partir de un determinado momento en idiomas consolidados. Sin embargo su desarrollo no concluye ahí y su proceso de evolución lingüística continúa inexorablemente. Bueno, esto lo vemos – por no decir oímos – cuando escuchamos a los más jóvenes que no hacen más que repetir una práctica que se da en todas las generaciones: cada una de ellas crea y aporta a enriquecer el idioma con sus propias palabras, que a los mayores por supuesto a veces les/nos resulta difícil de asimilar. Este proceso de diferenciación lingüística es en parte reflejo de la complejidad que va adquiriendo cada vez más la vida comunitaria en la tierra. Dicho en simple, existe en los idiomas como expresión de la creatividad humana, una tendencia innata a aumentar la diversidad lingüística. Paradojalmente esta tendencia a divergir, a diversificar es contraria a la fuerza globalizadora que por otra parte se expresa y visualiza en la internacionalización de idiomas como el inglés actualmente en muchos campos de la vida social, científica, musical, deportiva, etc. que permite que personas de los más distintos puntos del planeta y trasfondos culturales puedan comunicarse. Resulta de esto, que ambos procesos coexisten simultáneamente, tironeándonos a facilitar la comunicación y comprensión por un lado y hacerla cada vez más difícil por el otro. En el plano de los idiomas, estos se hacen cada vez más extensos, complejos y difíciles de asimilar y comprender, mientras que en el plano del uso de algunos de estos idiomas, algunos tienden a ser más comunes y frecuentes, facilitando la comunicación.

Ahora, en el supuesto que nos pusiésemos de acuerdo en un lenguaje universal para propiciar un mayor grado de contacto entre todos los habitantes de esta nave espacial que es nuestro planeta y así contribuir a un mayor y mejor entendimiento, todavía subsistiría el problema de la tendencia evolutiva innata de los idiomas a seguir desarrollándose y haciéndose más y más complejos en cada uno de los ámbitos de las actividades humanas. Para graficar este punto nada mejor que poner a conversar a 2 científicos de dos disciplinas distintas sobre sus respectivos campos de trabajo; a duras penas lograrán conversar aunque probablemente no se podrán entender. Baste mirar lo que sucede con las especialidades médicas, donde el lenguaje que emplea un especialista es “chino” para el médico de otra especialidad y no hay forma que se entiendan. Este fenómeno es muy visible en la ciencia y la investigación que requiere de más y más rigor en el uso de las palabras para expresar esas nuevas visiones y explicaciones tanto de los procesos que estudian, como de los nuevos descubrimientos e inventos que hacen. Ahora bien, para convivir y en la vida dentro de la comunidad, no se requiere llegar a los extremos ni a las fronteras del lenguaje para desempeñarse como miembro de un colectivo. Nosotros podríamos estructurar una vida en comunidad mucho más pacífica y comprensible si tuviésemos la voluntad de escuchar y querer comprender al otro. Esto como paso previo a llegar a acuerdos y posiciones de compromiso que nos permitan seguir avanzando hacia adelante y no pasa por un tema de no entender el lenguaje que usa la otra persona. Ahora si pensamos que nuestro interlocutor es la naturaleza, sus ecosistemas, nuestro entorno, el medio ambiente, los bosques, ríos, lagos, mares, montañas, glaciares, nuestro aire, etc., mucho de nuestro interactuar con cada uno de estos actores, semeja a la representación de un diálogo de sordos, por no decir del absurdo o de tragicomedia. Sí, porque no queremos escuchar ese idioma universal que nos está hablando, en el cual nos expresa en infinidad de formas, sonidos, cuadros, colores, sabores, olores, etc., que le estamos haciendo daño. Existe una hipótesis (entre tanto desechada por la neurociencia) según la cual el lenguaje surgió a partir de los sonidos y la música de la naturaleza, esa que producía el soplar del viento, el escurrir de las aguas, el estruendo de los truenos, el canto de los insectos y las aves, etc. Pues bien, fueron los fisiólogos y neurólogos los que demostraron que la música o la melodía de una canción, activa uno de nuestros hemisferios cerebrales que es el de las sensaciones y emociones, mientras que el lenguaje al igual que el texto de esa misma canción activa el otro hemisferio que es el cognitivo, la parte racional y pensante y con ello también la de los pensamientos (¿sentimientos?) más elaborados. O sea, la música pertenece a un mundo o dimensión distinta del lenguaje o del idioma, apela y estimula áreas distintas de nuestra percepción, comprensión y experiencia.

De ahí que podamos concluir que también la naturaleza emplea esos dos tipos de vías o señales para comunicarse con nosotros:

La emocional de la música, los colores del cielo, el bullicio de la selva, el ruido de los saltos del agua, el canto de las ballenas, etc.

La racional del lenguaje expresado en las claves que podemos leer y escuchar en cada uno de sus cuadros cuando vemos un paisaje o nuestro entorno.

Ese es el lenguaje universal de la naturaleza, que no requiere de un aprendizaje previo porque está de manera instintiva implantado dentro de nosotros y podemos escucharlo e interpretarlo sin necesidad de haberlo aprendido. Es algo así como nuestra conciencia natural para relacionarnos con ella y que apela a nuestras emociones y afectos.

Pero, porque somos además seres pensantes tenemos la posibilidad de expandir nuestra experiencia y vivencia de la naturaleza al ámbito de lo más elaborado y racional y esta forma de comunicación – su lenguaje – es el que estamos todavía en proceso de entender y descifrar. Hemos avanzado harto en esa dirección pero nos falta mucho, ya que sobre todo en el campo de la ecología están pendientes elucidar muchas de las relaciones que existen entre los diferentes factores y variables que hacen posible el buen funcionamiento de los ecosistemas y la vida en la tierra en cada uno de sus componentes. Tenemos respuestas para muchas preguntas y problemas muy parcelados y delimitados de lo que nos rodea y sustenta, pero nos faltan otras muchas para problemas más globales y amplios. Recurriendo a los ejemplos de la medicina actual, es lo que hace el especialista muchas veces; sabe por ejemplo cómo tratar el tendón exterior del menisco de la pierna derecha para personas de raza blanca nacidas entre los años xx, pero muchas veces no percibe al organismo en su conjunto y cómo se relaciona el problema puntual con el conjunto. Así como este ejemplo, muchas veces nosotros no sabemos interpretar las señales que nos susurra, grita, clama la naturaleza para que enmendemos y curemos algunos de los males y enfermedades que le estamos provocando, a veces emplea formas que apelan a nuestro saber innato y que en consecuencia tienen un efecto universal y comprensible para cualquier persona, otras veces lo hace de manera más sofisticada, soterrada y casi críptica – así como un cáncer que no da síntomas previos – y que sólo los científicos y especialistas que la estudian pueden interpretar.

Tarea para la casa: ¿qué señales y qué música o canción está interpretando mi entorno cuando salgo de la casa para enfrentar el mundo y la vida cotidiana? *

 .* En caso de que no le guste la música, piense qué puede hacer para cambiarla.

Dr. Rudolf Thomann

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